Llegó a mi vida no con muy buen pie... desde el momento en que la vi, en que la conocí, nuestros encuentros se convertían en disputas y sollozos, siempre interrumpidos por algún otro ser querido que teníamos al lado.
Vino a vivir cerca de donde vivía yo, unos pocos pasos separaban nuestras puertas. Las ocasiones en las que nos aventurábamos a ir a tocar la puerta del otro, era para iniciar nuevas discusiones. Nadie cedia terreno, era una lucha a campo abierto, aunque compartiéramos mesa casi a diario: nuestros superiores eran íntimos amigos.
Siempre tuve una llama en mi interior que se encendía en cada enfrentamiento. Me dolía, porque sabía que la quería. También conocía el hecho de que este sentimiento era recíproco, aunque nunca se nos hubiera ocurrido admitirlo. Esta tierra está plagado de corazones orgullosos, cosa que, para otros temas, no viene tan mal.
Hace un año que tomé la determinación de partir lejos, para estudiar. Esto me llenaba el corazón de alegría por conocer gente nueva, cosa de la que hoy no me arrepiento, pero me atormentaba la idea de separarme de ella. Quería, de cierta manera, pelear más, pero seguir junto a ella. Una noche, y con suma tristeza, le conté todo, todo lo que sentía hacia ella. Me correspondió con un abrazo.
Hoy, en estos días que sé que son difíciles para ella, quiero que lea esto, para que sepa que no la dejo, que sigo pensando en ella como aquel día que llegó a mi lado. Es, y será, la Julieta de mi vida, siempre presente en mi pensamiento y mi corazón. Y ESPERO QUE LLORE LEYENDO ESTO.
Maitte zaut Maddalen.
Vino a vivir cerca de donde vivía yo, unos pocos pasos separaban nuestras puertas. Las ocasiones en las que nos aventurábamos a ir a tocar la puerta del otro, era para iniciar nuevas discusiones. Nadie cedia terreno, era una lucha a campo abierto, aunque compartiéramos mesa casi a diario: nuestros superiores eran íntimos amigos.
Siempre tuve una llama en mi interior que se encendía en cada enfrentamiento. Me dolía, porque sabía que la quería. También conocía el hecho de que este sentimiento era recíproco, aunque nunca se nos hubiera ocurrido admitirlo. Esta tierra está plagado de corazones orgullosos, cosa que, para otros temas, no viene tan mal.
Hace un año que tomé la determinación de partir lejos, para estudiar. Esto me llenaba el corazón de alegría por conocer gente nueva, cosa de la que hoy no me arrepiento, pero me atormentaba la idea de separarme de ella. Quería, de cierta manera, pelear más, pero seguir junto a ella. Una noche, y con suma tristeza, le conté todo, todo lo que sentía hacia ella. Me correspondió con un abrazo.
Hoy, en estos días que sé que son difíciles para ella, quiero que lea esto, para que sepa que no la dejo, que sigo pensando en ella como aquel día que llegó a mi lado. Es, y será, la Julieta de mi vida, siempre presente en mi pensamiento y mi corazón. Y ESPERO QUE LLORE LEYENDO ESTO.
Maitte zaut Maddalen.
Ta gora Zumalakarregi!